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Santi Rivas: «El vino es de lo único que un español reconoce que no sabe»

Teníamos muchas ganas, después de leernos sus libros de compartir una charla, una entrevista informal. Me lo encontré, creo que fue en la feria de Peñín, por noviembre en Madrid; Fuiste superamable, supercercano, me diste tu móvil… Luego las circunstancias de la vida y algunos asuntos personales han hecho que lo pospongamos desde diciembre, sumado a tu agenda, hasta el día de hoy, viernes 13 de marzo. ¿Y por qué digo viernes 13? Porque me parece que Santi, con la numerología y con el 13, tiene algo especial, ¿no?

Santi Rivas: Bueno, muchas gracias por la invitación y agradezco tu paciencia. A veces es complicado gestionar fechas conmigo porque lo es, pero bueno, siempre con paciencia llegará un momento y por ahí te doy las gracias. Y sí, yo es que, ya no solo con el 13; si lo unes al viernes 13 tiene una significación que va más allá del propio 13. Ya que hay una… bueno, aparte de ser una saga de cine de terror, de slasher, en la que es muy famoso Jason Voorhees, el asesino.

El «Enfant Terrible» de la crítica

Angel Sánchez / Crónica Norte: Pues ya veis… que aunque tenemos que hablar de vinos, estamos hablando, como siempre con Santi Rivas, de un montón de cosas. Esto es lo maravilloso. De hecho, hay un vino que se llama *Alt Templari* de Bàrbara Forés y muchas etiquetas basadas en esa iconografía templaria. Pero bueno, para la gente que no conozca a Santi Rivas, para los que no son *wine lovers*, para los que son «civiles» como él dice, o para los que estén viendo ahora mismo este vídeo en Crónica Norte y Las Historias del Vino, yo quiero presentarle a mi manera.

El perfil del entrevistado: Santi Rivas para los para los amantes del vino que bucean en redes y buscan esos vinos que descubrir y beberse después, es el «enfant terrible» de la crítica vitivinícola. Un soplo de frescura, de alegría, yo diría hasta de cachondeo, que vino a sacudir el rancio y encorsetado mundo de la crítica del vino que hasta ahora prevalece en algunos lugares todavía. Es vehemente, irreverente, simpático, más ácido que los vinos que cata y no parece hacer prisioneros. Pero más allá del vino, porque con Santi a lo mejor uno espera oír hablar de un excelente Albariño y acaba hablando de una trifulca en un bar de Gijón… esto es así, hay que entenderlo. En comunicación es un diamante en bruto y, por ahora, nadie lo ha pulido. Es polifacético, poliédrico y uno lo puede ver hecho un showman en su «InstaCata» o convertirse en un tertuliano en, por ejemplo, «Gastro SER», o arengar desde su púlpito en «Esquire» a sus seguidores. La realidad es que sabe un montón de vinos y del mundo del vino, que son dos cosas diferentes. Debe tener una nariz privilegiada y ha escrito estos dos divertidísimos libros: «Vinos gentrificados» y «Deja todo o deja el vino», haciendo un repaso impresionante al mundo «wine lover» español. Y yo le tengo que agradecer que esté aquí sentado con nosotros porque a mí me ha demostrado, desde el primer minuto que contacté con él, que sobre todo es una persona muy maja.

Santi Rivas: Muchas gracias, muchas gracias. Sí, sí, yo soy de los que dice esto mucho: un ser de luz en un mundo de tinieblas. Esto es así. Si todo el mundo fuera como yo, no habría guerras, ni racismo, ni existiría el Real Madrid.

El nacimiento de Colectivo Decantado

Angel Sánchez / Crónica Norte: Oye, ¿en qué momento tuviste claro que había que hablar del vino de una manera diferente?

Santi Rivas: Bueno, porque yo, cuando empiezo a montar mis propias catas de vino, lo hice cuando tuve mi primer trabajo allá por… bueno, mi primer trabajo medio bien remunerado, o sea, «adulto», vamos a decir. Eso fue entre 2005 y 2006. Entonces cogí un grupito de amigos en el trabajo y empecé a montar catas en mi casa bajo una temática. Poníamos un fondo, un presupuesto por persona. Yo vivía bastante cerca de aquí, en la calle Castelló, y a su vez me fui a la calle Castelló a vivir porque estaba a 10 minutos andando de La Tintorería.

En 2005-2006 no había muchos sitios para comprar vino no nacional. Estaba Santa Cecilia, por supuesto, el Club del Gourmet, ahora Gourmet Experience del Corte Inglés… y así que yo recuerde, Bodegas Baco en San Bernardo, pero vino extranjero tenía que ser más o menos en esa línea. Luego apareció precisamente en 2005 La Tintorería, también cerca de donde vivía.

Se elegía un presupuesto que solía ser, no sé, al principio empezaron en 30 euros y acabaron en 100. Los primeros meses, casi años, eran 30 o 40 euros. O aparecía una petición de: «Oye, ¿es verdad que hay Rías Baixas tintos?». Pues hacíamos una de Rías Baixas o gallegadas tintas. O alguien decía: «Oye, estaría bien enfrentar a ciegas España y Francia en vinos de estilos parecidos». Al final, si no aparecía ninguna línea argumental, la buscábamos. Todo eso era muy divertido, lo pasábamos muy bien. Incluso se empezó a apuntar más gente del trabajo y siempre tenían ese prejuicio de: «Vais a poneros superpesados». La gente se imagina el lugar común, el tópico, el sketch fácil que le hemos visto a José Mota y cosas así: oler el vino, decir «es blanco» y esas chorradas. Nos ponemos muy profundos con cosas obvias.

Cuando vieron que aquello era una fiesta —básicamente era una fiesta—, la gente se empezó a sumar. Mucha gente me dijo: «Oye, deberías animarte a divulgar todo esto porque es divertido y no se tiene esa imagen del vino». Eso sí que me hizo pensar. Dije: «Pues es verdad, si al final es alcohol y estar con gente maja, no debería dársele ese boato y esa seriedad al asunto». Que más que seriedad, a veces era tristeza. Y ahí empezó todo.

Una amiga me dijo: «Ábrete un Facebook». Yo me acuerdo que Facebook era básicamente para follar, pero no solo era para eso. Me monté un perfil que es el actual: Colectivo Decantado. En Facebook ya no lo tengo operativo, no sé si la cuenta estará dada de baja o estará por ahí muerta, pero ahí es donde nace. De 2005 a 2008 fue ver que la gente se lo pasaba bien y se sorprendía. Claro, no me extrañaba con la divulgación que había. Y cuando hablo de divulgación, no solo hablo de divulgadores; divulgadores son también las bodegas, los restaurantes, las tiendas… todos los vendedores son divulgadores.

Y sí que es verdad que era un poco… desde luego no es lo de ahora. Yo pienso, entre otras cosas, que el mundo de la divulgación ha cometido el error de diseccionar en exceso los vinos para comunicarlos. Un vino está bueno cuando… a veces lo importante es comunicarlo de una manera más directa, sobre todo para no echar a la gente que no sabe nada de vino y que quiere asomarse y dice: «Joder, ¿por qué tengo que saber todo esto para beberme algo de esto?».

El ego herido del consumidor español

Santi Rivas: Para mí la divulgación se basó —y cuando hablo de divulgadores que no se sientan ofendidos los «preconstitucionales», que no les estoy atacando a ellos o solo a ellos— en el contexto que se había generado. Era, más que una divulgación o una docencia interactiva de darte herramientas para luego tú defenderte en un lineal de vinos, de lo que se trataba el asunto era de mostrar lo que ellos sabían y tú no. A tal punto llegó eso que hirieron el ego del consumidor.

Es lo único que un español reconoce que no sabe. Un español, lo vimos en la pandemia por supuesto, sabía organizar o paliar una pandemia, sabe cómo gestionar Cataluña ahora mismo, sabría cómo gestionar Gaza, Estados Unidos, Irán… y el Mundial de Fútbol, la Selección. Saben de todo. Te lo arreglan en dos tardes. Pero de vinos es de lo único que un español te dice: «Mira, yo de vino no sé, sé el que me gusta y el que no me gusta, pero no sé». ¡Joder! ¿Y de qué no sabes? ¿De lo que te gusta o no te gusta? Esto me da miedo. ¿Entonces tú votas a este partido político pero no sabes si te gusta o no te gusta? ¿Tú ves esta película pero no sabes si te gusta o no te gusta? No hace falta especial conocimiento para saber si algo te gusta o no te gusta. No sé por qué solo se lo aplicas al vino.

Eso es un síntoma de algo. Evidentemente la culpa no la tiene el receptor, la tiene el emisor. Pasó algo mucho más complejo, dilatado en el tiempo y multifactorial, que destruyó el ego del consumidor de vino en España. Cosa que no veo tanto en otros países.

Angel Sánchez / Crónica Norte: Es curioso, porque me llama mucho la atención un ejemplo que refuerza lo que cuentas. Olvidémonos de los bares especialistas, de *Angelita* y todo eso, que son maravillosos. Pero vas a un bar normal donde te sientas con unos amigos y de los seis que hay, cuatro piden cerveza. El de las cervezas se sabe seis del tirón con su nombre. Y luego el resto pide vino y te dicen aquello de: un «Ribera» o un «Rioja»… y resulta que solo tenían dos referencias, de las cuales no se sabe ni sus nombres. No hay interés.

Santi Rivas: Si hablamos de un bar normal, claro, su interés no está en el vino porque sus vinos van a precio. Posiblemente se aprendan las dos referencias y, dentro de dos meses, tengan otras dos que son más baratas porque el de los jamones se las regala.

Para seguir mínimamente mi discurso, hay que tener claro que yo no estoy en las medias, yo estoy en los hitos. De hecho, hay un tipo de sector o de vino que yo no divulgo. El «beber por beber» no es mi tema. Si estoy en un supermercado tipo Lidl o Mercadona, de estos que tienen vinos baratos por no decir burla… «el mejor vino de la purrela»… no, agua. No bebas purrela. ¿Qué te vas a gastar en esa purrela, 3 euros? Pues tres veces que te ahorres eso ya tienes 9 euros. Ya habrá algún Viña Zorzal o alguna cosa de Quinta das Bágeiras. Con cuatro veces ya tienes 12 euros.

Yo no tengo ni idea de cómo van los bares normales ni me interesa. Yo de lo que me preocupo es de cómo funcionan los bares de vino. Y esos cada vez hay más y cada vez son mejores. Antes de la charla hablamos de lo que ha salido en Gastro SER sobre la cultura de vino en Gijón. Mucha gente me escribe y creen que me refiero a que la gente está hablando por las esquinas del Sporting de Gijón y de la Borgoña. No, de lo que estoy hablando es de que hay un número llamativo de sitios especializados en vino en Gijón. Tú analizas grandes ciudades y lo mismo tienen uno o ninguno. Incluso en iconos como la calle Laurel en Logroño; en el Laurel había un wine bar y ahora hay medio.

Gijón tiene cultura de vino porque cada vez tiene más bares de vino, cosa que no podemos dar por hecho. Cinco o seis bares de vino… quitando Madrid y Barcelona, dime qué capital de provincia los tiene. ¿Sevilla? No los tiene. ¿Valencia? No los tiene. ¿Donosti? No hablo de restaurantes. ¿Gijón cinco o seis? Eso es cultura de vino. Y esos sitios están llenos. Y el hecho de estar llenos hace que Coalla tenga sucursales en Madrid o que abran más en el propio Gijón. Eso es lo que yo llamo cultura de vino. Ahora, evidentemente, eso no quiere decir que el que pone los bocadillos de enfrente te vaya a poner garnachas de Cebreros en una copa Riedel. Ese señor seguirá haciendo lo suyo. Pero el que se quiere especializar en esto está viendo que, bien gestionado, es muy rentable. Merece la pena apostar por la calidad porque lo llenas. Es diferencial.

La responsabilidad del consumidor

Angel Sánchez / Crónica Norte: Pero entonces el bar normal no tiene solución. Me refería a ese escalón que hay entre lo que tú divulgas y el que se quiere iniciar.

Santi Rivas: Tú hablas desde el punto de vista del consumidor. El consumidor lo tiene fácil, lo que pasa es que a veces falta curiosidad. Yo trabajo en medios generalistas —en Esquire, La Vanguardia y la SER—, no son publicaciones especializadas. Tengo que lidiar con ellos y hay momentos de intercambio de opiniones. Me dicen: «¿Por qué no haces una selección de los mejores vinos de no sé qué, o de los que te gustan a ti, que se puedan comprar en el Corte Inglés?». Y yo ahí siempre digo: «Pues te jodes. Te vas a Google, lo buscas y lo compras».

Lo que yo recomiendo rara vez está agotado. Pero claro, la gente tiene que hacer algo si se quiere iniciar. Yo no soy el hilo musical de un ascensor; a mí me tienes que dar al play. Si tú le das al play, pasarán cosas, pero tú tienes que hacer cosas. Yo no estoy aquí para ponértelo fácil. Yo estoy aquí para que bebas bien, y si eso te lleva un esfuerzo de tiempo y dinero, tendrás que ver si te compensa. Yo no voy a comisión de mis seguidores. Con que haya uno nuevo que tenga este interés, me vale. Van a tener que esforzarse.

Angel Sánchez / Crónica Norte: Me refería un poco más allá de tu divulgación. Existe esa separación de consumidores y del propio comercio. Están proliferando bares para amantes del vino y, sin embargo, se está separando a los «civiles» de los «iniciados».

Santi Rivas: La explicación es que hay gente que tiene interés y curiosidad. Prueba-error. Yo lo hago continuamente desde hace 30 años. Sin dejarme llevar por nadie: viajas y dices «aquí hay unas garnachas de no sé qué», pues me las bebo. Si el error está presupuestado, no pasa nada.

El vino como ideología y la gentrificación

Angel Sánchez / Crónica Norte: España en vinos es muy diversa, ha dado un vuelco en 15 años espectacular. Hemos pasado de una distinción estúpida de «joven, crianza, reserva, gran reserva» —que era solo envejecimiento— a ver que las etiquetas y el mundo del vino han cambiado. ¿Cómo has visto tú todo el proceso de lo que antes era la «maderización» y los vinos estructurados?

Santi Rivas: Todo eso se puede analizar desde varias perspectivas, pero la que lo vertebra es la tecnología. Ahora mismo puedes pasarte toda la vida sin beber un vino español, porque la logística de los e-commerce funciona. La tecnología también es viajar rápido, la docencia online… mucha gente que ahora está haciendo vino se ha formado en otros países. Sus referentes son distintos.

A veces somos injustos con nuestras generaciones pretéritas porque hacían «maderones» o vinos muy concentrados, pero ¿qué iban a hacer si las puntuaciones dependían de un solo señor o de una guía con mucho poder? Ahora eso está atomizado por la tecnología y las redes sociales. Ya es imposible que alguien tenga el poder de prescripción que tuvo Robert Parker en los 80 o 90.

Eso ha creado un tejido de conocimiento. Habrá mucha basura, pero es cuestión de buscar. Las redes sociales te exponen cada día. Yo vivo de lo que me pagan los medios y los eventos. Mis fuentes de ingresos se basan menos en la visibilidad de los medios generalistas (donde hay poco ingreso pero mucha visibilidad) y más en las catas presenciales en Bar Futura o en el Only You, eventos de empresa, convenciones… Eso me da independencia económica para no tener que «prostituir» mi perfil de Instagram. Si una bodega me paga por visibilidad, suele ser una castaña. A lo mejor si un siciliano me quiere dar 100.000 pavos me lo prostituyo, pero por lo general, el que te quiere pagar es porque el producto no se sostiene solo.

Angel Sánchez / Crónica Norte: : Te quería hablar también de Instagram. He visto cosas muy raras. Yo no soy prescriptor, pero eso de que la gente eche un hielo en el vino blanco y haya prescriptores con mogollón de seguidores que lo apoyen… me parece una aberración. Si alguien ha hecho un vinazo blanco, ¿por qué no servirlo a la temperatura correcta?

Santi Rivas: Hay que diferenciar sectores. La divulgación que se basa en el consumo lúdico de «échale un hielo» o el tinto de verano me parece muy bien, pero eso no es divulgación vinera en sí. Es divulgación con vino, no de vino. Mientras no den a entender que eso es lo que hacemos los iniciados, no hay problema. Es «vino para dummies», para gente con un interés reducido. Es raro que avancen a través de esas cuentas, pero es hablar del «beber por beber». Yo no lo veo mal porque es otro sector. Yo al vino hielo no le echo, porque un vino al que haya que echarle hielo no es un vino que yo me tome. Nadie le va a echar hielo a un Amarone.

Angel Sánchez / Crónica Norte: ¿Y del vino sin alcohol?

Santi Rivas: Lo mismo. Si no puedo beber alcohol, bebo agua. No le veo la gracia. Si alguien se gana la vida con ello me parece bien, pero no es mi sector. Hablarme de vino sin alcohol es como si me hablas de neumáticos.

La gentrificación y el estatus intelectual

Angel Sánchez / Crónica Norte: Hablemos de «Vinos gentrificados». ¿Cómo se está poniendo el patio con vinos que antes estaban a 14 o 18 euros y de repente han pegado un escalón?

Santi Rivas: El vino gentrificado es el último estadio del vino de culto. Lo que viene a institucionalizar es que el vino son, como mínimo, dos sectores. ¿Cómo puede ser el mismo sector si tienes a bodegas en ERE como Bodegas Riojanas o González Byass porque no venden, y por otro lado tienes bodegas con tan poca oferta que el vino escapa a su control y quien tiene esas botellas se dedica a especular? Es una distorsión.

Mucha gente dice «esta moda pasará». No. La gentrificación ya la tocas. Ahí tienes a Envínate, lo puedes tocar. El vino, hasta hace muy poco, era estatus económico: podías beber Vega Sicilia o Protos. Pero ahora eso no es suficiente. Con la entrada de tantas estéticas y filosofías, ahora puedes decir: «Solo bebo vinos naturales» o «solo bebo pequeñas bodegas». Eso ya no es estatus, es intelectualidad e ideología.

Vete a un salón de vinos naturales y ya te digo yo a qué partido político votan. Habla con un tío que solo beba «tintazos» y ya te digo a qué partido vota. No es que yo sea mentalista, es que me lo están diciendo ellos. La ideología no existe, la única que existe es el consumo. El consumo es una manera de vertebrar lo que tú eres, o lo que quieres dar a entender que eres. En la moda o el cine ya lo sabemos: no es lo mismo que te guste Bisbal que Radiohead. Pues en el vino eso no existía y ahora nos tiene a todos despistados. Se ha cambiado un elitismo económico por uno intelectual o ideológico.

Angel Sánchez / Crónica Norte: Dijiste en una entrevista que «el vino que consumes puede ser más guay que tú».

Santi Rivas: Es que el consumo siempre va a ser más guay que tú. De eso va. Si vistes ropa de marca es porque te hace quedar mejor de lo miserable que eres. Ahora esos códigos culturales han llegado al vino. Puede haber postureo, puede haber ficción de conocimiento porque te hace quedar «guay». No es lo mismo ponerte La Oreja de Van Gogh que a los Pixies o The Weekend en una cita. Ahora pasa en el vino: no es lo mismo aparecer en mi casa con un vino de 400 pavos que con una «puta mierda» de vino de supermercado.

La Nueva Ola del vino español

Entrevistador: Cambiando de tercio, hablemos de las zonas de España que están despuntando. Tienes una fijación con los vinos gallegos, con las Mencías del Bierzo… ¿Qué otras zonas te llaman la atención? Algunos blancos de Tomelloso, Méntrida…

Santi Rivas: El fenómeno de Tomelloso molaría, ¿eh? «Los vinos de Tomelloso en el New York Times». Pero al final volvemos a lo mismo. Se está dando en todo el territorio nacional una «Nueva Ola» de vinos españoles, igual que la hay en Argentina o Chile. Hay un estilo que está imperando: el blanco de cierta jerarquía, hecho con mimo y presión, y tintos más divertidos de beber, más fluidos.

En Galicia están haciendo tintos de talla mundial. Pero te vas a la Ribera del Duero y ya nada es lo que crees que es. Hace poco, en una cata a ciegas, me quedé loco con un Arzuaga Gran Reserva. No te hablo de la entrada de gama. Lo probé y me pareció un vino fluido, muy bien hecho. Me sorprendió. Ahora catas Pago de Carraovejas y ya no es lo que era; es bastante más fluido y sofisticado. Hacienda Monasterio, Vina Sastre… incluso Vega Sicilia va presentando cortes más frescos. Pingus cambió un montón también a partir de 2012.

Es una Nueva Ola española. Lo vi haciendo artículos para Esquire: la nueva ola de Rioja, la nueva ola de Ribera… al final es que hay una nueva ola española. Y el fenómeno es internacional. El otro día en una cata de Château d’Issan, nos pusieron el 10, el 15 y el 18. El 10 no tiene nada que ver con el 18; el 18 es un vino muchísimo más actual.

Las bodegas grandes están viendo que el modelo de éxito es otro tipo de vino. Nosotros siempre seremos una minoría absoluta. Nosotros siempre vamos a ser Radio 3 y los 40 Principales será lo más escuchado. Pero estamos influyendo a Bisbal. Bisbal de repente está metiendo música electrónica. (Un saludo a Bisbal, que seguro que es simpático). Las bodegas establecidas, para seducir a ese pequeño sector radical y militante, están cambiando. Si eres una persona sensata y poco prejuiciosa, verás que todo el mundo está haciendo las cosas mucho mejor.

Consejos para el «Wine Lover»

Entrevistador: Para terminar, ¿qué consejos darías a los amantes del vino o iniciados que están intentando comprar al mejor precio?

Santi Rivas: Que no se agobien. Que no se obsesionen con los «cromos», con las etiquetas más deseadas, porque eso te lleva a un extra de trabajo que no siempre es gratificante. Les diría que asienten las bases. Antes de probar un Liger-Belair o un vino imposible de conseguir, prueba un Viña Zorzal, que son accesibles y están riquísimos. ¿Quieres Mencía? Empieza por Verónica Ortega antes de pensar en La Faraona. No hay que obsesionarse porque se pueden desencantar. Es una pena que alguien empiece y diga: «Ah, esto que dicen que es la hostia yo no lo entiendo».

Que investiguen, que contrasten información, que el acceso es gratuito. Y sobre todo, que disfruten. No hace falta comprarse un vino de 300 euros. Y lo ideal: que se hagan una pandilla. Así mancomunas gastos y combinas opiniones. A lo mejor tú te lo estás flipando con un vino que es una castaña y está bien que alguien te dé otra visión. Catar en ambientes diversos es muy didáctico.

Angel Sánchez / Crónica Norte: Pues este señor es Santi Rivas. @ColectivoDecantado Hemos traído como percha estos dos libros que seguimos recomendando. Lo importante es hablar de los vinos y del mundo del vino. No hay tercer libro por ahora, ¿no?

Santi Rivas: No hay tercero. No tengo más ideas.

Angel Sánchez / Crónica Norte: Bueno, pues ya vendrá. Yo tengo muchas ganas de entrevistar a Pedro Ballesteros algún día. Su libro «Comprender el vino en España» me encantó.

Santi Rivas: Es muy majo. Parte de mi divulgación tiene una inspiración en la suya. Él, al ser funcionario europeo, fue de las primeras personas que yo escuché hablar con bastante libertad.

Angel Sánchez / Crónica Norte: Santi Rivas no tiene pelos en la lengua, no hace prisioneros. Ha sido un verdadero placer, Santi. Y a los que os ha picado el bicho del vino, seguidle en redes porque siempre se aprende algo. En Instagram es @colectivodecantado. Sígannos también en Crónica Norte y en Las Historias del Vino. No somos prescriptores, solo disfrutamos del vino y contamos historias. Un placer.

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Angel Sánchez Carbonell
Angel Sánchez Carbonell
Ángel Sánchez Carbonell - Director de Crónica Norte. Desde hace 37 años dedicado profesionalmente a la información y entretenimiento (TVE, Onda Cero, Tele Cinco, COPE...) Enamorado de la geografía de la península Ibérica. Montañero y apasionado por el mundo del vino, Miembro de la Unión Española de Catadores. Cuando la vida me lo permite señalizo caminos naturales como Técnico de Senderos de la Escuela Española de Alta Montaña. (EEAM) Pero sobre todo me pierdo por ellos y después disfruto del vino...

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