Dominio D’Echauz lidera la recuperación del patrimonio genético vitícola español mediante la custodia de más de 16.000 biotipos de vid únicos. A través del ambicioso Basajaun Project, esta iniciativa busca blindar la biodiversidad frente al cambio climático y asegurar la autenticidad de los vinos del futuro. Un esfuerzo monumental que rescata siglos de historia enológica en cada cepa recuperada en los rincones más remotos de nuestra geografía.
¿Qué esconden realmente los 16.000 biotipos de Dominio D’Echauz?
En el corazón de la viticultura española está ocurriendo algo extraordinario que va mucho más allá de la simple elaboración de vino. Dominio D’Echauz se ha convertido en el guardián de un tesoro invisible para el ojo inexperto, pero vital para quienes amamos lo que se sirve en la copa. No hablamos de una bodega al uso, sino de una auténtica reserva estratégica de biodiversidad. Tras décadas de un trabajo minucioso de prospección y rescate, han logrado reunir una colección que supera los 16.000 biotipos de vid, procedentes de todos los confines de España. Este proyecto no es solo una mirada romántica al pasado, sino una respuesta técnica y necesaria a la preocupante erosión genética que amenaza nuestros viñedos. La uniformidad es la enemiga de la tipicidad, y en Dominio D’Echauz lo saben bien: conservar esta riqueza es la única forma de garantizar que el vino español siga teniendo un alma propia y diferenciada.

¿Es el biotipo la clave para entender el vino del mañana?
Para el aficionado que disfruta de un buen coupage o de un monovarietal con carácter, el término «biotipo» puede sonar excesivamente técnico, pero su importancia es radical. La colección de Dominio D’Echauz se organiza en dos niveles que definen la calidad de lo que bebemos. Por un lado, encontramos la diversidad varietal, que rescata uvas históricas que estaban al borde de la extinción. Por otro, y quizás lo más fascinante, es la diversidad intravarietal. Esto significa que dentro de una misma variedad, como podría ser la Tempranillo o la Garnacha, existen variaciones naturales acumuladas durante siglos. Estas pequeñas mutaciones genéticas hacen que una planta sea más resistente a la sequía, que sus bayas sean más pequeñas o que su acidez sea más vibrante. Al preservar estos 16.000 biotipos, se está protegiendo un abanico de posibilidades enológicas infinito, permitiendo que el viticultor no trabaje con clones clónicos y aburridos, sino con un material vegetal vivo y dinámico.
¿De dónde viene este inmenso patrimonio genético?
La historia de esta colección es la historia de un viaje constante por la España rural y profunda. El origen de este legado se encuentra en el Basajaun Project, una iniciativa impulsada por el vivero familiar Vitis Navarra. Durante más de veinte años, expertos han recorrido viñedos viejos y olvidados en regiones con una tradición vitícola inmensa. Desde los suelos pizarrosos del Bierzo hasta las vertiginosas laderas de la Sierra de Gredos, pasando por los paisajes históricos de Aragón, Cataluña, Asturias, Navarra y La Rioja. No se han olvidado de la contundencia de la Ribera del Duero, la calidez de Murcia y Extremadura, ni de la insularidad de las Islas Baleares. En cada uno de estos lugares, el equipo de Dominio D’Echauz ha rescatado sarmientos de plantas centenarias que estaban a punto de desaparecer debido al abandono del campo o a la modernización mal entendida, que a menudo sustituía la riqueza antigua por variedades comerciales más productivas pero menos interesantes.
¿Cómo se transforma una rama olvidada en una herramienta vitícola?
El proceso que sigue Dominio D’Echauz es un ejemplo de rigor y paciencia. Recuperar el material vegetal en el campo es solo el principio de una larga cadena de valor. Una vez que se localiza un biotipo interesante en un viñedo histórico, este se somete a una multiplicación vegetativa en un entorno controlado. Pero antes de que esa planta pueda volver al suelo, debe superar un control sanitario exhaustivo para garantizar que está libre de virosis, un problema común en las cepas antiguas. Una vez saneada, empieza la verdadera magia: la caracterización agronómica y enológica. Aquí es donde se realizan estudios detallados y, lo más importante para nosotros los apasionados, las microvinificaciones. En pequeñas cantidades, se comprueba qué potencial real tiene esa uva, qué aromas aporta y cómo se comporta ante la fermentación. Gracias a este método, la colección deja de ser un museo para convertirse en una fuente práctica de soluciones para las bodegas que buscan diferenciación.
¿Puede la biodiversidad salvarnos del cambio climático?
El contexto actual del sector del vino es complejo, con un cambio climático que está alterando los ciclos de maduración y la sanidad de la uva. En este escenario, la colección de biotipos de Dominio D’Echauz actúa como un seguro de vida. Al disponer de una base genética tan amplia, es posible encontrar plantas que se adapten mejor a las nuevas condiciones de temperatura o que tengan ciclos de maduración más largos para compensar el calor excesivo. Cada uno de estos 16.000 biotipos representa una adaptación específica que la naturaleza ha perfeccionado durante generaciones. Tener acceso a esta «biblioteca de la naturaleza» permite que la viticultura española no sea una víctima de las circunstancias, sino que tenga las herramientas necesarias para evolucionar y mostrar una resiliencia sin precedentes. La biodiversidad no es solo una palabra de moda; es el escudo que protegerá nuestras copas en las próximas décadas.
Viticultura de preservación: ¿Un nuevo paradigma en la botella?
Toda esta filosofía de trabajo se resume en un concepto que Dominio D’Echauz abandera con orgullo: la viticultura de preservación. No se trata de guardar las plantas en una vitrina, sino de integrarlas en el sistema productivo, de estudiarlas y, finalmente, de ponerlas en valor. El objetivo final es que todo este esfuerzo técnico y científico se traduzca en vinos que cuenten una historia real de su territorio. Los vinos que nacen de este proyecto son la vía de transferencia de todo ese conocimiento. Cuando el consumidor final descorcha una botella que proviene de estos biotipos recuperados, no solo está bebiendo vino; está participando en la conservación de un patrimonio genético único. Es la conexión tangible entre la ciencia del vivero y el placer del paladar, asegurando que la esencia del viñedo español, con toda su complejidad y matices, no se pierda nunca en la uniformidad de la industria global.







